imagen conceptual de redes sociales

La Policía asegura que el principal método para prevenir un problema de este calibre es utilizar el sentido común

El hecho de que se hayan publicado fotografías o vídeos de carácter íntimo suele llegar al conocimiento de las víctimas a través de la llamada de un conocido o de las redes sociales. Y eso si no viene precedido de amenazas o coacciones para que la víctima lleve a cabo algún tipo de acción, normalmente de carácter sexual o económico.

Si el vídeo o las fotos ya han sido difundidos en redes sociales o a través de alguna web, la vergüenza y la culpa son los primeros sentimientos que suelen acudir a la víctima. “Se bloquean, porque es un mazazo muy fuerte”, describe Roberto Fernández, Inspector Jefe de la Unidad de Delitos Fiscales de la Policía Nacional. Pero, a partir de ahí ¿Qué?

El Código Penal español registra desde el año pasado este tipo de comportamientos como delitos que, además, son castigados con penas de hasta un año de prisión. Y la condena será la más alta posible si, además, el delito es cometido por el marido, mujer, pareja o ex pareja de las víctimas. La asociación estadounidense Without My Consen, que lucha contra este tipo de delitos, publica ahora una guía para enfrentarse a este tipo de situaciones. Son tres sencillos pasos a seguir que en FCINCO hemos adaptado al caso de nuestro país para que la eliminación de las fotos o vídeos sea segura, por las buenas o por los tribunales.

  1. El pantallazo

Si se han difundido fotos o vídeo a través de WhatsApp, Twitter, Youtube o sitios web de pornografía, Without My Consent recomienda registrar los pantallazos como prueba de la publicación o envío de los contenidos. De tal manera que en esa imagen quede registrado el nombre del usuario responsable de la publicación, el día, la fecha y el lugar en el que se ha hecho público. Además, es recomendable descargar los vídeos y las imágenes y guardarlas tanto en formato digital como impreso o en CD.

“Aunque lo primero que se debe hacer es denunciar este hecho, este paso es también fundamental”, dice el inspector Fernández. Sin esas pruebas se complica mucho el trabajo de la Policía, ya que este tipo de contenidos se suelen retirar muy rápido de la red, bien sea por el propio delincuente o los operadores de los sitios web que alojan el documento.

  1. Borrado del contenido ‘online’

Existen leyes en contra de lo que se ha conocido como porno de revancha. Japón, algunas regiones de Reino Unido como Inglaterra y Gales y algunos estados de los Estados Unidos las han implantado ya. La guía de la asociación norteamericana recomienda aprovechar esta ventaja legal, pero también las normas internas de los propios canales de difusión. Muchas de las webs especializadas en contenidos pornográficos tienen normas propias en contra de este tipo de sucesos y, según esta organización, se eliminan fácilmente si se les solicita.

Además, existe la posibilidad de enviar una carta de solicitud de información para ser presentada como prueba en caso de iniciar un procedimiento legal. “En esos casos cuanta más información se tenga, mejor. Así que se puede solicitar a las webs o los proveedores de emails la IP del ordenador desde el que ha sido enviado el vídeo o las fotografías para identificar a la persona en concreto”, dice la guía. Aunque es un buen recurso, no suele ser necesario “porque aunque no se conozca con seguridad la identidad de quien ha subido el contenido, se suelen tener sospechas” aclara el inspector Fernández.

  1. Registro del copyright

Esta iniciativa es sobre todo útil en Estados Unidos, y muy poco en nuestro país. Desde la organización norteamericana recomiendan que la víctima registre todos los contenidos publicados para tener constancia de la propiedad de los mismos según la ley de aquel país. También puede hacerse en España, pero no supone una garantía de tan alto calibre.

  1. Sentido común

“Hay que educar para que no sucedan estas cosas”, previene Ricard Martínez, presidente de la Asociación Profesional Española de la Privacidad. Ya existen recursos legales para compensar a las víctimas, pero, según Martínez, también deben existir para prevenir estos comportamientos.

“Hay que tener sentido común y saber evaluar el nivel de confianza que se tiene con la pareja”, dice Martínez. Esta asociación reclama más educación en ese sentido, porque en muchos casos no se piensa en las consecuencias del sexting: “es perfectamente lícito y placentero, pero deben que sentirse cómodos y cómodas para llevarlo a cabo. Hay que pensar si nos apetece tener ese vídeo o esa imagen”, afirma su presidente.

  1. Guardar las imágenes a buen recaudo

Una segunda derivada de este tipo de casos tienen que ver con la seguridad. Ya hemos capturado estas imágenes, ahora bien, ¿dónde las guardamos? Desde la Asociación Profesional Española de la Intimidad recomiendan hacerlo en un disco duro portátil, externo y sin conexión a internet para evitar el robo de los datos en caso de que nuestro ordenador sea hackeado. Además, durante la actividad también hay que tomar ciertas precauciones. Si se trata de una webcam, siempre será mejor que sea un dispositivo externo, que se pueda desconectar del PC. Y si no, al menos que su objetivo se pueda cubrir de alguna manera para que si la hackean, no se pueda grabar nada. “Esas imágenes son tan o más valiosas que el propio dinero, por lo tanto hay que tener unos estándares de seguridad más altos de lo que normalmente adaptamos” dice Martínez.